Reconocido en la Península como el antídoto natural del Chechén (Metopium brownei). Sus hojas hervidas o la resina de su corteza se utilizan en baños y compresas para aliviar la irritación, urticaria y quemaduras en la piel. La infusión de la corteza también se bebe para reducir la fiebre, desintoxicar el cuerpo y calmar molestias estomacales.
Árbol de tamaño mediano a grande (8 a 15 metros) con una llamativa corteza brillante de color cobrizo o rojizo que se desprenden en delgadas láminas transparentes. Sus hojas son pinnadas y desprenden un aroma resinoso al frotarse. Produce flores pequeñas de color verde-amarillento y pequeños frutos ovoides que contienen una sola semilla.
Es una especie pionera extremadamente resistente a la sequía y a los suelos calcáreos. Sus frutos son un alimento vital para una gran variedad de aves frugívoras e iguanas durante la época seca, facilitando su dispersión a lo largo del sotobosque.
Representa un elemento fundamental en los recorridos interpretativos debido al mito maya de la dualidad con el Chechén. Su presencia ilustra la medicina de contrapeso botánico y aporta una estética única gracias a su tronco rojizo.