Aunque es una planta altamente tóxica por vía interna (contiene glucosidos cardíacos), la medicina tradicional maya emplea su látex (savia lechosa) aplicado de forma estrictamente externa y localizada para eliminar verrugas y llagas cutáneas.
Representa el balance entre el peligro y la medicina, la dualidad de la vida y la muerte. Su nombre evoca el respeto absoluto a las plantas de poder de la selva; los antiguos mayas usaban sus llamativas semillas secas para confeccionar sonajas ceremoniales o cascabeles para los danzantes, conectando el sonido con el latido de la tierra.
Sus vistosas flores amarillas en forma de campana exudan un aroma sutil y proveen néctar a especies de abejas nativas especializadas y mariposas que toleran sus compuestos químicos de autoprotección.